Nuestra Cultura

En la Cultura Arhuaca se puede hablar de COSMOVISIÓN  antes que de RELIGIÓN; tanto las tradiciones como las costumbres, símbolos, artes, valores, creencias, moral y conocimiento  no derivan  de la creencia en una divinidad o en un Dios. Son más bien expresiones de la FILOSOFÍA y la ESPIRITUALIDAD fundamentadas en la “LEY DE ORIGEN”   o la “LEY UNIVERSAL”. 

Con Ley de Origen   denominamos a la fuerza creadora, a la Energía Motora  o al Principio Fundante  de la vida, del mundo y del Universo; es la ley espiritual (invisible) de potenciales y posibilidades infinitas de nacimiento, crecimiento, desarrollo, transformación y renacimiento, y que no solamente permite la existencia objetiva sino que, posibilita la interacción simultánea de todas las cosas del universo y éstas con el hombre, creando así  una especie de red de interdependencia cósmica que conocemos como Armonía o Equilibrio Universal. 

En efecto, para los Arhuacos no hay nada que posea una esencia individual  o entidad intrínseca  perpetua; todo lo que existe está relacionado y es interdependiente sin importar si las cosas son materiales o espirituales. Lo que pase con una estrella, con un sitio sagrado, un animal o un hombre los efectos se propagan  a través de la naturaleza y el universo como ondas de agua. La aparente multiplicidad de individualidades es la manifestación de la complementariedad de las fuerzas creadoras (ley de origen) en un eterno movimiento organizado de “originacion”   dependiente. La no existencia de una sola cosa en el universo que sea independiente o autónoma no equivale a la inexistencia absoluta o al vacío perpetuo; por el contrario,  todo rebosa de energía y función gracias a las minúsculas pero poderosas conexiones que palpitan   a través de cada aparente entidad individual. Asimismo  esas mismas conexiones son las que hacen que las cosas estén surgiendo constantemente, se renueven una y otra vez.

A partir de la concepción de la vida y el universo interdependiente simultánea y recíprocamente  deriva un culto que bien podría llamarse culto a la “Madre Universal” porque, se trata de una visión del universo en constante nacimiento, un universo de fertilidad infinita en constante que comienza con la concepción y termina en el renacimiento después de la muerte.  En efecto, el ciclo constante de sembrar (concebir), nacer, madurar, morir y renacer constituye para los Arhuacos la "Ley de la Madre" o "Ley de Origen", la cual se erige como un principio ético fundamental que guía no sólo la conducta de cada individuo sino que es la base misma del sistema político o jurídico y de los patrones de organización social. 

La figura de la Madre, entendida como una fuerza femenina, la que es capaz de originar o dar a luz algo a partir de la acción  de otra fuerza complementaria (masculina),   aparece en cada uno de los elementos que conforman el entorno vital de los Arhuacos. En la Sierra Nevada están representadas las diferentes madres que han dado a luz todas las cosas que existen en el planeta y son recreadas constantemente  en los tejidos de los varones y las mujeres. El proceso de tejido del vestido de varón en telar representa exactamente el “dar a luz una madre”. El equivalente al  cordón umbilical, Munusinu (foto), entra en un continuo movimiento ordenado y al interactuar con cada uno de los hilos de algodón empieza lentamente a aparecer lo que será el vestido (equivalente a la Placenta); y el Munusinu  (cordón umbilical) se desconecta de  los hilos cunado el vestido está terminado, o cuando ha nacido un nuevo ser. Pero al mismo tiempo el hilo para elaborar el vestido de los varones es de algodón, hilado por las mujeres mediante el Huso, kúrkuna (foto), el cual representa el baile de creación.

Nuestra  Madre está personificada en cada mujer; en el mar, en cada río, kú’riwa o humedal como portal de nacimiento, pozo o laguna que representan la fuente amniótica de la madre cuando dio a luz sus hijos; en las cuevas de la tierra; en la hamaca que, como una placenta, envuelve al durmiente; en las mochilas que tejen las mujeres; en el hilo de algodón que se tuerce como un cordón umbilical; y finalmente, en la tumba que recibe al difunto colocado en posición fetal, como si volviera al vientre de su madre. Así, para los Arhuacos, los actos de nuestra existencia cotidiana simbolizan el acto de concepción, por lo tanto, cualquier acción u objeto es fruto de un acto intencional de procreación. Sembrar la tierra es la fertilización del cuerpo mismo de la Madre; el poporo simboliza el acto de creación, recordando así que la existencia consiste en una serie de actos concatenados de concepción dependientes nuestro pensamiento, acción y del universo.

En la cultura Arhuaca no existe ningún acto humano o fenómeno natural que no constituya un reflejo o una consecuencia de las disposiciones de la Ley de la Madre o La Ley de Origen. En este sentido, la existencia, la vida y el mundo circundante tienen un carácter sagrado; no existe una vida por fuera del concepto de la Ley de Origen. Por estas razones es que nosotros no separamos el orden universal representado en la Ley de Origen  con los patrones de comportamiento; es decir, la ética, la moral y la ontología son interdependientes, la una no podría existir sin la otra. El comportamiento humano resulta afectado y determinado por el orden del universo, éste también puede resultar afectado por las acciones humanas. 

Cualquier comportamiento humano tiene tanto poder como para  afectar el orden universal y la armonía de la naturaleza. Por esas razones, los Arhuacos tienen tan presente la misión de mantener el Equilibrio Universal. Tan necesario es que los hombres actúen de acuerdo al mandato, orden, ley y principio de la Ley de Origen, porque por fuera de ella se genera el desequilibrio que amenaza no solo la existencia humana sino de la Madre Tierra y de la Madre Universal.

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Equilibrio concepto clave

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