Ati y Mamu

Durante las ceremonias del nacimiento el cordón umbilical se siembra en los ka’dukwu y en los lugares de la Línea negra que le corresponden al recién nacido, de esta manera queda inscrito en un territorio que le corresponderá conservar de acuerdo a su linaje.

La figura de la Madre, entendida como una fuerza femenina, la que es capaz de originar o dar a luz algo a partir de la acción de otra fuerza complementaria (masculina), aparece en cada uno de los elementos que conforman el entorno vital de los Arhuacos. En la Sierra Nevada están representadas las diferentes madres que han dado a luz todas las cosas que existen en el planeta y son recreadas constantemente en los tejidos de los varones y las mujeres. El proceso de tejido del vestido de varón en telar representa exactamente el “dar a luz una madre”. El equivalente al cordón umbilical, Munusinu (foto), entra en un continuo movimiento ordenado y al interactuar con cada uno de los hilos de algodón empieza lentamente a aparecer lo que será el vestido (equivalente a la Placenta); y el Munusinu (cordón umbilical) se desconecta de los hilos cunado el vestido está terminado, o cuando ha nacido un nuevo ser. Pero al mismo tiempo el hilo para elaborar el vestido de los varones es de algodón, hilado por las mujeres mediante el Huso, kúrkuna (foto), el cual representa el baile de creación.

Nuestra  Madre está personificada en cada mujer; en el mar, en cada río, kú’riwa o humedal como portal de nacimiento, pozo o laguna que representan la fuente amniótica de la madre cuando dio a luz sus hijos; en las cuevas de la tierra; en la hamaca que, como una placenta, envuelve al durmiente; en las mochilas que tejen las mujeres; en el hilo de algodón que se tuerce como un cordón umbilical; y finalmente, en la tumba que recibe al difunto colocado en posición fetal, como si volviera al vientre de su madre. Así, para los Arhuacos, los actos de nuestra existencia cotidiana simbolizan el acto de concepción, por lo tanto, cualquier acción u objeto es fruto de un acto intencional de procreación. Sembrar la tierra es la fertilización del cuerpo mismo de la Madre; el poporo simboliza el acto de creación, recordando así que la existencia consiste en una serie de actos concatenados de concepción dependientes de nuestro pensamiento, acción y del universo.

Los seres humanos difícilmente llegan a comprender complejidades espirituales que dan sentido a la existencia del mundo material, para ello es necesario pasar por rigurosos procesos rituales y ceremoniales como medio pedagógico o sistemas de códigos que finalmente llegan a conocimientos y concreción de concepciones con juicio propio. El conocimiento filosófico es objetivo y subjetivizado con el tiempo y la práctica espiritual por cada individuo. Los Mamos son el eje fundamental de todo el proceso, su sabiduría sobrepasa el conocimiento común por ello ostentan la máxima autoridad y la sociedad los premia con privilegios de profundo respeto….

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